Herencia espiritual
Nuestra espiritualidad
Habitadas por la fe
La aceptación de la cruz permitió a la Madre Clarac unirse a los sufrimientos de Cristo. El amor por la cruz, símbolo de nuestra salvación, nos ayuda a aceptar los sucesos diarios de la vida tales como el dolor, la fatiga, las adversidades y los hechos inesperados. Gracias a la espiritualidad de la cruz, irradiamos la alegría de vivir y la dicha prometidas por Jesús. Siendo una familia mariana preconizamos, en nuestro apostolado, el conocimiento y el amor a María, presencia íntima, activa e irremplazable en nuestros grupos. Vivimos en comunidad, esto es en un lugar donde nuestro espíritu apostólico adopta, al mismo tiempo, un verdadero espíritu religioso. Nos consagramos a Dios en la vida activa sin olvidarnos de la importancia de la contemplación.
Tres virtudes cristianas
Cada vez que podemos ayudar a nuestros hermanos, son tres virtudes cristianas que impregnan nuestros corazones: la humildad, la sencillez y la caridad. Transmitimos así el mensaje de Dios, con la voluntad de ayudar y de evangelizar.
Somos una comunidad religiosa activa con miras al futuro. Nuestro trabajo humilde y generoso está inspirado en la Virgen María. Nuestra fundadora, María Clarac, mujer de un fervor incansable, quien ha ayudado enormemente a los pobres, es también un modelo para nosotras.
Caridad multiforme
Nuestro carisma se extiende al ejercicio de la caridad, en todas sus formas, según los ejemplos y enseñanza del Evangelio. Nuestra actividad dirige principalmente, sus esfuerzos a la enseñanza para alumnos de educación inicial, primaria y secundaria, así como los servicios brindados a los adultos mayores y enfermos en los hospitales, o en residencias para adultos mayores. Nuestra comunidad favorece y cultiva el espíritu misionero y despliega su actividad en los países dónde se necesita más ayuda humanitaria y religiosa.
Eucaristía
En el corazón de nuestra vida se halla el culto de la Eucaristía. Todos los días participamos a la celebración “de un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32) para cimentar el vínculo de la caridad y de la unión fraternal. Nos preparamos para la Eucaristía escuchando la Palabra de Dios y participamos en la recitación atenta y ferviente de las partes que le son reservadas a la asamblea. Profundizamos la significación de las oraciones, ritos y lecturas bíblicas. Para nosotras, Hermanas de Caridad, la comunión sacramental, vía suprema de unión con el divino Mesías, encierra tanto el secreto de nuestra castidad como la fuerza que nos permite cumplir nuestra misión de educación y de asistencia en la colectividad. Nuestra vida diaria debe significar también preparación y acción de gracia mediante la observancia de reglas, el cumplimiento del deber y las obras de misericordia. Aprendemos la humildad, el silencio, la disponibilidad para con todos y, siempre y en cualquier circunstancia, la generosidad de darse a los demás.
Amor por los adultos mayores y los enfermos
La atención a los adultos mayores y a los enfermos desempeña un papel importante en la vida fraternal. Más aún cuando el número de personas ancianas aumenta sin cesar en el mundo. Algunos de ellos sufren soledad. Los adultos mayores tienen, sin embargo, mucho conocimiento y experiencia que transmitir a la sociedad, siempre y cuando sepamos escucharlos y atenderlos.
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